En su cruzada por “proteger” la economía de Estados Unidos, Donald Trump volvió a hacer lo que mejor sabe hacer: dar golpes de mesa. Esta vez con una nueva ronda de aranceles recíprocos a decenas de países… y también, por increíble que parezca, a islas perdidas en el mapa que ni siquiera tienen comercio con EE.UU.
No, no es broma. Ni los glaciares, ni los osos polares, ni los 1,500 habitantes de una islita tropical se salvaron de la mirada recaudadora de Trump.
A continuación, el tour por los rincones más remotos del planeta que ahora están en la lista negra comercial del expresidente republicano:
Islas Heard y McDonald: volcanes, hielo… y ahora aranceles

Ubicadas en medio de la nada —literalmente— al sur del océano Índico, estas islas deshabitadas y volcánicas, parte de Australia, son más conocidas por sus focas y su clima imposible que por exportar algo a EE.UU.
¿A quién se le ocurrió aplicarles aranceles? A Trump, por supuesto. Aunque no hay registros de que hayan enviado algo más que olas gélidas hacia el hemisferio norte.
Tokelau: mil 500 personas, cocos… y aranceles del Tío Sam

Con apenas tres islitas, 10 kilómetros cuadrados de superficie y una economía basada en la pesca y la ayuda de Nueva Zelanda, Tokelau fue arrastrada a esta guerra comercial sin siquiera saber por qué.
¿Exportaciones? Ninguna. ¿Relaciones tensas con EE.UU.? Tampoco. Pero ahí está, en la lista de la Casa Blanca.
Isla de Navidad: “no comerciamos con ustedes”… pero igual van aranceles

Gordon Thomson, presidente del condado de la Isla de Navidad, fue claro:
“No existe comercio entre nosotros y EE.UU., salvo que compramos equipo de minería de Tractors Singapore”.
Pero a Trump no le importó. Aranceles, y punto. Esta isla australiana, donde se mezclan playas paradisíacas con cangrejos por millones, ahora es parte de la estrategia global para “proteger” a EE.UU. de una invasión comercial inexistente.
Jan Mayen: la isla ártica de militares, glaciares y… ¿aranceles?

Jan Mayen es tan remota que es más probable ver una aurora boreal que un contenedor comercial. Pertenece a Noruega y sólo viven ahí algunos meteorólogos y personal militar.
Pero si pensabas que la falta de puertos, de habitantes y de productos exportables la salvarían… error. También tiene un lugar en la lista negra de Washington.
Isla Norfolk: 2 mil habitantes, turismo y cero exportaciones a EE.UU.

Otra isla australiana afectada. Su economía depende del turismo, no exportan nada a Estados Unidos, y aun así fueron incluidos en la lista de “enemigos comerciales”.
George Plant, administrador de la isla, se mostró genuinamente sorprendido:
“No cobramos aranceles a nada. Tampoco se me ocurre ninguna barrera no arancelaria que pudiera existir. Estamos desconcertados”.
Y sí, lo entendemos, George. Nosotros también.
Una guerra sin sentido, pero con mucho show
Lo que queda claro con esta nueva ronda de aranceles es que, para Trump, la lógica no es un requisito cuando se trata de política comercial. Porque lo que menos importa es si hay comercio. Lo importante es que su narrativa de “protección total” siga sonando fuerte… aunque sea en territorios donde lo único que se exporta es silencio.
Bienvenidos al nuevo orden económico trumpista. Hasta las islas deshabitadas están en la mira.