Hoy es 12 de enero. Se acabaron las vacaciones decembrinas y, con ellas, ese paréntesis en el que el tiempo parece aflojar el paso. Se guardan los juguetes nuevos, se apagan las luces del arbolito y vuelve a sonar el despertador. Para muchos niños —y también para muchos padres— el regreso a clases no es precisamente una fiesta. Es un sacudón. Un “otra vez”.
Pero vale la pena detenernos un momento y mirar este día con otros ojos.
Regresar a clases no es un castigo. Es una segunda oportunidad. Es volver a un espacio donde se aprende algo más que matemáticas y español: se aprende a convivir, a equivocarse, a levantarse, a compartir, a soñar con lo que todavía no se es, pero se puede llegar a ser.
Para los niños, este regreso es una página en blanco. No importa cómo les fue antes, qué tan difíciles fueron los exámenes o si alguna materia se les atragantó. Hoy todo vuelve a empezar. Y eso, en un país como el nuestro, no es poca cosa. Empezar de nuevo siempre es una ventaja.
La escuela es, pese a todo, uno de los pocos lugares donde la esperanza todavía entra puntual a las ocho de la mañana. Ahí se forman amistades que duran años, se descubren talentos que ni siquiera estaban en los planes y se construyen preguntas que algún día cambiarán historias. Grandes y pequeñas, pero historias al final.
A los niños hay que decirles algo claro hoy: no tengan miedo de volver. Volver no es retroceder. Volver es tomar impulso. Cada cuaderno nuevo es una promesa. Cada clase es una posibilidad. Cada día es una oportunidad para ser un poco mejores que ayer.
Y sí, habrá tareas, habrá regaños, habrá días pesados. Pero también habrá risas en el recreo, logros inesperados y maestros que, sin saberlo, dejarán huellas profundas.
Hoy regresan a clases millones de niños en México. Y con ellos regresa algo que nunca debería perderse: la idea de que el futuro se construye paso a paso, lápiz en mano, mochila al hombro y con la convicción de que aprender vale la pena.
Que este 12 de enero no sea solo el fin de las vacaciones. Que sea el inicio de un año lleno de curiosidad, esfuerzo y confianza.
Porque volver a la escuela también es volver a creer.