Hace cinco días arrancó septiembre… pero todos sabemos que en México septiembre siempre termina convirtiéndose en “septiemble”. Y la madrugada de hoy quedó oficialmente inaugurada la temporada: a las 0:33 horas, un sismo de 5.1 grados con epicentro en Pochutla, Oaxaca, según el Servicio Sismológico Nacional.
Muchos ni lo sintieron, otros lo confundieron con un tráiler pasando, pero ahí está el dato. Y es que en este país septiembre no es solo de banderas, pozole y gritos, también es de réplicas, alarmas y mochilas de emergencia.
La memoria es cruel. Oaxaca lo sabe mejor que nadie: en 2017, apenas el 7 de septiembre, un sismo de magnitud 8.2 sacudió al estado, dejó cientos de víctimas y fue el inicio de una pesadilla que se repetiría apenas doce días después, el 19 de septiembre, con otro terremoto, ahora en el centro del país. Esa coincidencia terminó por tatuar la palabra “septiemble” en la conciencia colectiva.
Por eso cuando tiembla en estas fechas, no importa la magnitud: se nos hiela la sangre. Y por eso también cada año se organiza el simulacro nacional, que será el próximo jueves 19 a las 12:00 horas. Ya sabe: la alarma, la evacuación ordenada, la pose de calma absoluta mientras por dentro uno repasa a qué santo encomendarse.
La realidad es que los simulacros sirven, pero no quitan la sensación de vivir en un país donde septiembre tiene su propio guion: arranca con fiestas patrias, sigue con simulacro y termina —más veces de las que quisiéramos— con un sismo real.
Así que sí: hace cinco días empezó septiembre, pero hoy la tierra nos recordó que oficialmente entramos en “septiemble”.