Ana Luisa Cantoral .— El feminicidio de Leticia Cruz Velasco, localizada sin vida el pasado 30 de agosto en Santa María Colotepec, vuelve a mostrar la crudeza de la violencia contra las mujeres en la Costa oaxaqueña y, sobre todo, la incapacidad de las autoridades para prevenir estos crímenes.
Leticia fue reportada como no localizada desde el 22 de agosto. Aunque se activaron protocolos de búsqueda, pasaron ocho días antes de que su cuerpo apareciera oculto en una fosa séptica dentro de un domicilio de la Primera Sección de Colotepec. El hallazgo no solo revela la saña del crimen, sino también el fracaso de las medidas que deberían garantizar la seguridad y la vida de las mujeres.
La Fiscalía General del Estado de Oaxaca informó que un hombre identificado con las iniciales I.S.C. fue detenido en Puerto Escondido como presunto responsable. Sin embargo, la captura no borra el hecho de que la prevención sigue siendo la gran deuda del Estado. Los feminicidios no se frenan con boletines ni con detenciones tardías: se frenan con políticas efectivas, con acciones reales de protección y con un sistema de justicia que deje de reaccionar únicamente cuando la tragedia ya es irreversible.
El caso de Leticia se suma a una lista que crece año con año y que mantiene a Oaxaca entre las entidades más peligrosas para las mujeres, mientras la impunidad se normaliza y la vida de ellas parece no pesar lo suficiente en la agenda pública.
