José Antonio Estefan Garfias: el político que siempre vuelve
Nacido en Santo Domingo Tehuantepec en 1954, José Antonio Estefan Garfias es un político oaxaqueño que ha transitado con maestría por los caminos del poder, tanto en su estado natal como en la arena nacional. Su carrera parece una mezcla entre la tradición familiar que evoca los valores del esfuerzo, inculcados por sus padres, y la capacidad de adaptarse a los vaivenes del sistema político mexicano.
Hijo de Don Edmundo Estefan Nehme, un inmigrante libanés, y Doña Lucía Garfias Ortiz, heredera de una estirpe istmeña, Estefan Garfias creció rodeado de las historias y adversidades de una familia comerciante. Tras sobrevivir a la crisis económica que obligó a los Estefan a abandonar su negocio de ajonjolí en los años 70, encontró en la Ciudad de México el espacio para completar sus estudios en economía y, poco después, abrirse camino en la administración pública.
El funcionario eterno
Su currículum es un mapa detallado de la política mexicana: cargos en el IMSS, la Secretaría de Agricultura, Nacional Financiera, Pesca, y hasta el Congreso de la Unión. En Oaxaca, ha ocupado casi cualquier puesto de relevancia: Secretario de Finanzas, General de Gobierno, Vialidad y Transporte, y hasta Coordinador de Proyectos Estratégicos.
Sin importar el color del partido en el poder, Estefan Garfias siempre parece estar en el momento correcto. Ha trabajado bajo administraciones priistas, perredistas y panistas, demostrando que en política, las ideologías son maleables, pero las conexiones son esenciales.
El aspirante a gobernador
En 2016, apostó por la gubernatura de Oaxaca como candidato de la coalición CREO (PAN-PRD). Aunque perdió ante Alejandro Murat, su campaña dejó claro su dominio sobre el Istmo, una región que siempre lo ha respaldado.
El político camaleónico
Lo fascinante de Estefan Garfias no es solo su capacidad de adaptarse, sino su aparente invulnerabilidad ante las críticas. Es la clase de político que, sin ser protagonista de grandes escándalos, tampoco escapa del escrutinio por formar parte de la «clase política tradicional». Para sus detractores, encarna el ejemplo del funcionario que ha hecho de la política un estilo de vida. Para sus simpatizantes, es un representante legítimo del Istmo y un operador experimentado.
A sus casi 70 años, José Antonio Estefan Garfias sigue vigente, probando que en la política mexicana no se trata solo de llegar, sino de mantenerse. ¿Es un sobreviviente del sistema o un perpetuador del status quo? Eso, como siempre, depende de a quién le pregunte.
Un nuevo capítulo: Coordinador del CIIT
El día de hoy, José Antonio Estefan Garfias añadió un nuevo título a su extenso currículum: Coordinador del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec (CIIT). Este nombramiento, anunciado por el gobernador de Oaxaca, Salomón Jara, coloca al veterano político al frente de uno de los proyectos más ambiciosos para el desarrollo del sureste mexicano.
El CIIT no es cualquier encargo; representa la apuesta del gobierno federal para transformar el Istmo en un eje logístico de comercio global, conectando los océanos Atlántico y Pacífico a través de 304 kilómetros de vías férreas, puertos modernizados y diez polos de desarrollo industrial. En su nuevo rol, Estefan Garfias tendrá que coordinar inversiones millonarias, atraer a empresas internacionales y gestionar las expectativas de comunidades históricamente marginadas.
El reto de un legado
Este nombramiento, respaldado por el interés directo de la presidenta Claudia Sheinbaum, subraya la confianza depositada en Estefan Garfias para dar continuidad al CIIT en una etapa crucial. La coordinación con la Secretaría de Marina y el Senado, encabezado en esta materia por Antonino Morales, será clave para alinear las acciones que consoliden al corredor como un motor de competitividad y desarrollo sostenible.
En el discurso oficial, su experiencia como operador político y gestor de proyectos estratégicos parece haber pesado más que cualquier controversia del pasado. Para Estefan Garfias, esta designación no solo representa un nuevo desafío, sino también una oportunidad de dejar su huella en la historia del Istmo, una región que lo vio nacer y ahora lo llama nuevamente para encabezar su transformación.
La pregunta ahora es si este nombramiento será el trampolín para un desarrollo histórico o una prueba más de la eterna lucha entre la ambición política y las promesas incumplidas en Oaxaca.